A la Deriva – In Creschendo

¿Por qué es mas fácil encontrarse en una ciudad que perderse? ¿Por qué siempre usamos los mapas para encontrar lugares? ¿Qué nos ocultan nuestros itinerarios diarios? Empezamos el curso perdiéndonos por la ciudad de Lleida. Dos horas para decidir como perdernos y encontrar en aquello que desconocemos de la ciudad nuestros proyecto vital.

Todo aprendemos en las ciudades y sus recursos pero a menudo vamos a los sitios con un objetivo predeterminado de aprendizaje. La ciudad es mucho mas que un centro de recursos, nos ofrece lo inesperado, nos ofrece incertidumbre. A menuda en mirar a nuestro entorno vemos aquello que reconocemos, lo desconocido es difícil de reconocer, no tenemos una marco de referencia al que poder vincularlo. Pero ¿podemos aprender a ver lo incierto? ¿podemos aprender de aquello inesperado?

Fuimos sujetos de la propuesta de “deriva” al inicio de curso, vivimos el articulo “El currículum en la ciudad y la ciudad en el currículum” en nuestras carnes. Extrajimos de la ciudad, conflictos cognitivos. Conflictos cognitivos sedientes de investigar, que nos llevaban a multitud de conceptos diferentes y que estos se veían inscritos a la vez en instantáneas de la misma ciudad, como si la fotografía fuera ahora un contexto de aprendizaje del que reflexionar y del que provocar aprendizaje. La deriva y lo implícito en ella derivo hacia la creación de un proyecto de investigación en el que el cementerio (contexto de la ciudad) se convirtió en un lugar en que la ciudad nos hablaba de ella misma.

La deriva, la ciudad, el cementerio, nos permitió derivar conceptualmente, generar nuestro propio aprendizaje. Conscientes de ello ¿por qué no ofrecer a los habitantes de la ciudad lo que, indirectamente, nos han ofrecido? aprender a observar las posibilidades de aquello desconocido, incluso creado por ellos mismos.

Caminar como acto estético de descubrir y aprender. La deriva, después de dos horas caminando, nos daba hambre, hambre por aprender. Suponía el punto de inicio a investigaciones más allá de aquello observado.

Nuestro proyecto quería que la gente aprendiera a perderse en el aprendizaje de la ciudad de modo que les propusimos dos tipos de itinerarios, el guiado y el azaroso, como un “darse cuenta” de lo que nos posibilita cada uno de ellos. Nuestro modo de invitar a la comunidad, a los habitantes de la ciudad al encuentro; el uso de las redes sociales (creación de Facebook) y vídeo promocional, creando y repartiendo a la vez unos carteles por puntos de afluencia de la ciudad. Nos preguntamos si el museo es una escuela donde aprendemos y en la calle aprendemos ¿la calle cabe en un museo?, ¿y a la inversa?

        

Nuestro día y punto de encuentro con los participantes que acudieron a la propuesta fue: día 16 a las 16h en la Facultad de educación de Lleida, delante de la frase de Luis Camnitzer. Partiendo de la frase, se presentó el proyecto de apropiación de la obra y se invitó a la comunidad a ser los/las propietarios/as de esta. Iniciamos el “free tour-deriva” presentando a los participantes las redes sociales a las cuales, a partir de este instante, haríamos uso hasta su finalización.

Nos dirigimos a la Biblioteca municipal de Lleida, vamos paseando y fijándonos en lo que nos rodea. Cogemos el camino mas corto, queremos llegar cuanto antes y poco nos importan los imprevistos de la calle. Llegamos a la biblioteca y vemos que se ha convertido en un museo. ¿El museo es una biblioteca o la biblioteca es un museo? ¿Existe escuela entre ambos?  En el vestíbulo del edificio se celebra la Bienal de arte contemporáneo de  Cataluña. En cierta forma, la calle nos esta guiando de arte en arte. Nuestro edificio alberga arte, la biblioteca acoge también arte y la calle, a través de las cartelas colgadas en las farolas nos insinúa un itinerario de unión. Lo hemos seguido y ¿ahora? Realizamos una mediación en el museo a través de las obras seleccionadas previamente por nosotros: establecemos un guiaje unidireccional de narrativa concreta. Empieza la deriva.

Por delante nos quedan 2 horas en que proponemos al grupo que se pierdan y que fotografíen todo aquello que les ha generado algún tipo de aprendizaje o estímulo, diálogos, conversaciones, discusiones, etc. Las fotografías las deben colgar en el Facebook del Espacio Híbrido y también en Twiter con el hashtag elmuseuesunaescola. Para poder compartir lo aprendido de forma colectiva proponemos que el punto de encuentro se la Seu Vella. A la hora allí.

Cuando llegan todos, los sorprendemos con las impresiones de las imágenes que han captado. Colocamos papel de embalar en el suelo y proponemos cartografiar las distintas derivas. Realmente cartografiamos nuestras experiencias y emociones situados en distintos lugares de la ciudad ¿por donde hemos pasado? ¿qué hemos aprendido?¿Qué emergen en cada una de ellas?¿Hacia donde nos conducen? El aprendizaje situado en un lugar nos lleva a desarrollar una especie de sentimientos de pertenencia. Pasamos múltiples veces por espacios, espacios distintos que a través de la deriva vinculamos a una experiencia de aprendizaje. De este modo, el espacio se transforma en un lugar. El museo de vuelve escuela a través de este mismo mecanismo, el museo como espacio es un lugar de paso. El aprendizaje, que Camnitzer llama escuela, es el encargado de transformar el museo en un lugar, un espacio personal a la vez que colectivo dónde aprendemos a comunicarnos, ha hacer relaciones y a decidir que queremos aprender.

 

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